Carta a los rectores: Menos lamento y más talento

10 Dic
EscudoGeorgetown

Comedor de Georgetown, en Washington DC

Ninguno de los cincuenta rectores que han firmado un manifiesto contra los recortes en educación en España representan a centros que se cuenten entre las 200 primeras universidades del mundo. Pese al elevado presupuesto que nuestro país dedica a la educación, los resultados académicos nos sitúan lejos de la excelencia que alcanzan los centros privados norteamericanos. Es un hecho que refleja la que ‘El País’ considera “la más famosa de las clasificaciones internacionales de universidades”, elaborada por la Universidad Jiao Tong de Shanghái.

Por eso, me resulta sonrojante escuchar a estos señores afirmar que al disminuir el dinero público que reciben toda la sociedad se verá perjudicada, ya que “sin conocimiento, no habrá progreso”. La duda es si la universidad española, tal y como está planteada, supone una fuente de conocimiento. ¿No será más una fuente de autocomplacencia? ¿No será una fuente de conseguir publicaciones, para tener más puntos, para conseguir más sexenios? ¿No es más una fuente de citas cruzadas para lograr acreditaciones e influencias en tribunales?

Por mi trabajo en los últimos meses he tenido la fortuna de ver cómo funcionan algunas de las mejores universidades del mundo. Precisamente es en EEUU, ‘el infierno capitalista’, en donde mejor funcionan estos centros, con 17 de las 20 mejores universidades del mundo, según el mismo ranking internacional. Y el criterio que prima en esos centros es, sin duda, competitividad.

La mayoría de las universidades americanas son privadas, son caras. Pero dan oportunidades a los mejores. Si no, un joven como Barack Obama, jamás hubiera podido estudiar en ellas, por ejemplo. Allí, si sacas buenas notas tienes ayudas y tienes posibilidades de trabajar en el campus o en la ciudad más cercana. Son centros que apuestan por la excelencia, que buscan el talento y que no dejan sitio a los mediocres.

Allí, en EEUU, si un profesor no vale, se va a la calle. Nadie tiene el puesto asegurado de por vida. Saben que deben ‘vender’ su producto, una educación de calidad, mejor que el vecino. Y por eso todos, desde el rector hasta el último bedel, se empeñan en sacarla adelante.

Y allí en EEUU, gran parte de los fondos que reciben las universidades proceden de donaciones de antiguos alumnos. Son profesionales que agradecen su formación y que facilitan que jóvenes con pocos recursos puedan estudiar. ¿Por qué no empiezan los rectores de aquí por pedir ayuda a sus antiguos? ¿Tal vez no se atrevan a preguntar si están orgullosos de la educación que recibieron?

Me hace gracia leer que ahora los rectores españoles hablen del deterioro social que causará el que sus universidades reciban menos fondos. “Perderemos todos, el conjunto de la sociedad”, dicen. La verdad es que los únicos perdedores, los que llevan años suspendiendo en los ranking internacionales, son ellos.

@AntonioOlivié

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