Archivo | noviembre, 2013

Lo que no cuenta el caballero del Hickman en pecho

10 Nov
Rafael Martínez-Simancas, recién nombrado director de QUÉ!

Rafael Martínez-Simancas, recién nombrado director de QUÉ!

Nunca he entendido por qué mucha gente habla de “una enfermedad” para referirse al cáncer, temiendo pronunciar la palabra maldita. Frente a esos tabúes y esos convencionalismos arremete Rafael Martínez-Simancas en su libro ‘Sótano Octavo’. Se lanza a esta arriesgada empresa luciendo un horrible pijama de hospital, armado con el tubo del gotero, cabalgando sobre una silla de ruedas y con una llave Hickman que adorna su pecho.

La autoridad que otorga haber recorrido los pasillos de hospital luchando contra los miedos, sorteando el pesimismo y arremetiendo contra la tentación de bajar los brazos le permite construir un relato vibrante y alentador para médicos y pacientes. Lejos de ser un libro de autoayuda, es un libro lleno de experiencia y de un sentido del humor que ha salido inmune del azote de la quimioterapia.

Hay quienes hacen montañas de pequeños contratiempos. Martínez-Simancas derriba con su sentido del humor y su espíritu positivo el muro de piedra que levantan algunos agoreros del cáncer. Y en esa lucha descubre los ‘ángeles’ que tiene a su lado, que ayudan con una palabra oportuna o con una caricia sincera. Son luceros que alumbran un sentido, un ‘para qué’, a su empresa de caballero andante.

Durante meses tuve la oportunidad de conocer la ‘cara B’ de ese desafío de Rafa. Y es que, aunque apenas lo esboce en el libro, el autor compatibilizó sus semanas de hospital con la dirección de un periódico nacional, el diario QUÉ! El destino le dispuso a vivir la agonía de un periódico que terminó cerrando en julio de 2012. Tiempo de rediseño, de presiones empresariales, comerciales y retos periodísticos, en los que Martínez-Simancas mantuvo una dignidad y una ilusión profesional difícil de creer después de leer ‘Sótano Octavo’.

Fueron muchas tardes en la Redacción soportando cómo la ‘quimio’ castigaba su cuerpo, cómo fallaban las fuerzas físicas. En ese entorno, las pastillas y los rayos no arruinaron su olfato periodístico y su respeto para lo que otros, con más o menos fortuna, poníamos en marcha en su ausencia. Son detalles de señorío y profesionalidad que no cuenta en su libro (tal vez no tocaba), pero que perfilan, con todo su contorno, la figura del caballero del Hickman en pecho.

@AntonioOlivié