Vencedores y vencidos de una guerra de banderas en campaña

29 Mar
Placa de matrícula con la bandera confederada en Georgia

Placa de matrícula con la bandera confederada en Georgia

Un ataque político puede convertirse, en muchas ocasiones, en una oportunidad para reafirmar un mensaje o plantear alternativas distintas a las de tu oponente. Ha ocurrido en Georgia (EEUU), donde en las últimas semanas se ha reabierto la polémica por la bandera confederada. En concreto, por su uso en las placas de matrícula del Estado, un espacio más abierto al ‘tuneo’ de lo que vemos en Europa.

El gobernador republicano de Georgia, Nathan Deal, desenterró la bandera confederada, la que defendieron los georgianos en la Guerra de Secesión, respaldando que pueda utilizarse en las matrículas de los coches. “Quienes piensen que puede ser ofensiva deben reparar en que es parte de nuestra herencia cultural”, afirmó.

Su postura de defensa de la bandera confederada, respaldada mayoritariamente por los ciudadanos, venía a ser un desafío frente a los candidatos demócratas, tradicionalmente más timoratos ante la posibilidad de ofender a una minoría. En este caso, en la medida en que los estados confederados defendían la esclavitud, podría suponer una afrenta a la población negra.

Ante estos desafíos, según comenta un profesor de Emory University, caben tres posturas:

  1. Eludir el debate, sin entrar a comentarlo y evitar responder: “Hay otros temas más importantes de los que hablar…”, “No es el momento…”
  2. Entrar al fondo de la cuestión, tratando de conectar con los valores de los votantes. Tratar de que el votante se entusiasme o se enfade ante una determinada situación.
  3. Un discurso de esperanza y de futuro, que plantee una solución inclusiva.

Jason Carter, aspirante demócrata, ha optado por el rechazo al uso de la bandera confederada de forma clara, llevando la cuestión racial al primer plano:

  • “Mi familia ha cultivado esta tierra de Georgia durante cientos de años. Estoy orgulloso de mi herencia. Pero políticos como Deal no tienen porqué utilizar la bandera confederada, ya que saben que es tanto un símbolo de orgullo para el Sur, pero también de prejuicio racial, que puede enemistar a los georgianos entre sí por razón de la raza”.

Roy Barnes, otro de los candidatos demócratas, también ha apelado al fondo del problema al hablar sobre la cuestión:

  • “El padre de mi abuelo fue capturado en Vicksburg, cuando luchaba con los Confederados y yo todavía visito su tumba. Estoy orgulloso de él. Pero también estoy orgulloso de que para mis hijos sea muy difícil de creer que aquí había colegios segregados o fuentes segregadas por razas. Y hoy estoy orgulloso de que los cambios hayan primado la unidad sobre la división”.

Al margen de que se esté de acuerdo con ellos o no, el hecho es que ambos candidatos han sabido responder, de forma original, al desafío de la bandera. Sin despreciar la herencia recibida, han ido a la raíz del problema, apelando a principios básicos, que la mayoría de los ciudadanos están dispuestos a defender. Habrá que esperar a ver quienes salen vencedores o vencidos de esta pugna.

@AntonioOlivié

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