Obama y Cameron: El club de los discursos huecos

14 Sep
Barack Obama en su discurso sobre el ISIS

Barack Obama en su discurso sobre el ISIS

Los crueles asesinatos por parte de los islamistas radicales del ISIS de dos ciudadanos norteamericanos y, esta semana, de un británico, han conmocionado al mundo. Degollar a personas indefensas ante las cámaras es algo que solo puede tener origen en mentes depravadas y fanáticas.

Acontecimientos de este tipo, con amenazas a ciudadanos y gobernantes de los países occidentales exigen una respuesta política a la altura. El enfado de los compatriotas de los asesinados requiere un mensaje serio y riguroso. He tenido la oportunidad de analizar los discursos del líder británico, David Cameron, de hoy día 15 de septiembre, y de Barack Obama, el día 10 de septiembre. Y he detectado varias coincidencias:

1- “No son musulmanes, son monstruos”. Ambos líderes insisten en la idea de que los radicales del ISIS no tienen nada que ver con el Islam, que es “una religión de paz”. La impresión es que quieren evitar la sensación de un frente anticristiano en Oriente Medio. Por eso también insisten en una coalición con países árabes.

2- “Toda la determinación”… pero “sin despliegue de tropas sobre el terreno”. La estrategia no varía: Se trata de aportar ayuda humanitaria, acciones aéreas y asesoramiento militar a los aliados en los países amenazados por el estado islámico. Pero al parecer ni EEUU ni la todavía Gran Bretaña (con Escocia incluida) se arriesgan a aportar fuerzas de combate, más allá de los drones no tripulados.

La sensación que uno saca tras escuchar los discursos es de incoherencia. Tras decir que el objetivo es “eliminar al estado islámico” o “acabar con ellos” con una “total determinación”, no puedes apostillar que todo eso lo harás sin desplegar tropas. No tiene sentido elevar el tono, si los hechos van a desmontar tu amenaza.

Me recuerda a la anécdota del enamorado que le escribe a su amada insistiendo en que la quiere por encima de todas las cosas, con expresiones de pasión encendidas y promesas de amor. Eso sí, termina con una celebre postdata: “Mañana, si no llueve, iré a verte”.

No sirve de nada recargar de adjetivos un discurso, plantear un tono enérgico y amenazante… para terminar diciendo que no aportarás tropas a la ofensiva. La incoherencia en los mensajes es una de las claves que desprestigia a los políticos. Si no vas a llegar hasta el final, no eleves el tono. Más vale rebajar la tensión y tratar de evitar un discurso tan vacío que no termine por estallarte en las manos.

@AntonioOlivié

 

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